miércoles, 31 de marzo de 2010

Agradecimientos

Hay cientos de personas a las que debo agradecer.

Primero a Estephenie Meyer por crear esta maravillosa historia que tanto ha hecho soñar a millones y millones de personas en todo el planeta. Sé que jamás se enterará de mi existencia, pero no sería justo no nombrarla, ya que sin siquiera pretenderlo, dio a mi vida— sobre todo a mis noches— un sentido que jamás pensé que llegaría a tener.

Gracias a mi marido, por amarme incondicionalmente —pese a mi locura—. A mi hija por su entusiasmo y a mi hijo por su infinita paciencia. No se que sería de mi existencia sin ellos.

Gracias a mi madre y mejor amiga, por alentarme todos los días a seguir escribiendo.

Gracias también a todos los que se han tomado el tiempo de leer este libro en Internet, a las más de dos mil personas que se unieron a mi grupo en Facebook ¡EN MENOS DE UN MES! —Aun no me lo creo — y a las casi veinte mil visitas que ya tiene mi block.

Quisiera nombrarlos a todos, chicas y chicos. Tanto a los que dejan comentarios como a los que no, a los que se preocupan por mi salud cuando dejo de escribir y a los que se toman el tiempo de checar a diario si se me ha ocurrido una idea nueva.

Ya no tengo miedo a las letras, ustedes cambiaron eso, no me cansaré de agradecerles, ni aunque viva mil años.

Un abrazo, un beso y todo mi amor para ustedes, mis nuevos amigos…

Paula.


Epilogo "El Tratado"







Con el paso de los días las discusiones con mi familia fueron mermando, es verdad que aun me sentía traicionado y herido, pero comprendí que la transformación de Bella era algo que, pese a mis esfuerzos, no podría evitar.

Intentaría si, por todos los medios, aplazar el momento el mayor tiempo posible. Habían aun muchísimas experiencias humanas que ella debía vivir y yo me encargaría de que lo hiciese. Una de ellas era la experiencia de ir a la universidad, me volqué a la tarea de buscar cualquier resquicio que me permitiera enviar solicitudes a las mejores facultades en el país, es cierto que Bella no estaba demasiado entusiasmada con la idea, pero tenía la convicción de que un semestre o dos estudiando una carrera la convencería de aplazar su transformación un poco más.

En el hospital recibieron a Carlisle con los brazos abiertos, muy agradecidos de que no nos hubiésemos acostumbrado a la vida en Los Ángeles. El señor Greene no puso objeción alguna a que Alice y yo retomásemos nuestra matrícula de principios de año en el instituto, por lo que casi todo había vuelto a ser como antes de que nos marchásemos de Forks.

Los primeros días de vuelta al instituto fueron un verdadero horror, comprobé con mis propios ojos el sufrimiento que había hecho padecer a Bella los meses en que estuve ausente. Fue difícil disimular el dolor que me causaban las imágenes en las mentes de nuestros compañeros y profesores.

Charlie, aun estaba furioso, había castigado a Bella indefinidamente, sin dejarla salir a ningún sitio fuera del horario del instituto y del trabajo. Me permitió entrar nuevamente en su casa, pero sólo hasta una hora determinada y bajo su estricta supervisión. Ciertamente esto no era un impedimento para estar juntos, ya que escalaba por la ventana del cuarto de Bella en cuanto él se dormía, pero aun así, me entristecía sentir su rechazo.

La espina más dolorosa en mi costado, era Jacob Black. Por un lado, estaba sinceramente agradecido de él por cuidar tanto física como mentalmente de Bella durante mi ausencia. Y por otro, le odiaba por ejercer esa atracción en ella que yo no era capaz de comprender.

Yo ya no era el único hombre en su vida, y eso dolía de un modo que no soy capaz de describir.

Bella notaba mi sufrimiento, por lo que intentaba no hablar de él en mi presencia, pero era evidente que le extrañaba ya que no había pasado una sola noche en la que no lo llamara o lo nombrara en sueños.

— ¡Es una verdadera falta de educación! — Gruño Bella acomodándose en el asiento cuando la recogí en su trabajo el sábado por la tarde—. ¡Estuvo de lo más grosero!

Yo sabía que llamaba a Jacob en cada ocasión que se le presentaba, pero gracias al cielo, él no contestaba a sus llamadas.

Mantuve mi rostro sereno pese al estremecimiento que me sacudió.

—Billy me dijo que él no quería hablar conmigo —Continuó frunciéndole el seño a la ventana, furiosa—. ¡Que estaba allí y que no estaba dispuesto a dar tres pasos para ponerse al teléfono! — Chilló— Normalmente, Billy se limita a decir que está fuera, ocupado, durmiendo o algo por el estilo. Quiero decir, no es como si yo no supiera que me miente, pero al menos era una forma educada de manejar la situación. Sospecho que ahora Billy también me odia. ¡No es justo!

Suspiré. Me costaba demasiado mantener la calma cuando hablábamos de Jacob Black.

—No es por ti, Bella — Le expliqué —. A ti nadie te odia.

—Pues así es como me siento — Magulló al tiempo que cruzaba los brazos sobre su pecho. Estaba realmente indignada.

—Jacob sabe que hemos vuelto y estoy seguro de que tiene claro que estoy contigo — Argumenté intentando calmarla—. No se acercará a donde yo esté. La enemistad está profundamente arraigada.

—Eso es estúpido. Sabe que tú no eres... como los otros vampiros.

—Aun así, hay buenas razones para mantener una distancia razonable.

Desvió la mirada. Pareció que un dolor muy personal se hubiera introducido en sus pensamientos.

Me estremecí, ella extrañaba a Jacob mucho más de lo que me demostraba.

—Bella, somos lo que somos — Le dije escondiendo mi dolor —. Yo me siento capaz de controlarme, pero dudo que él lo consiga. Es muy joven. Lo más probable es que un encuentro degenerase en lucha y no sé si podría pararlo antes de m... — Me detuve en ese instante. Yo no podía matar a Jacob Black. Me enmendé—: Antes de que le hiriera. Y tú serías desdichada. No quiero que ocurra eso.

—Edward Cullen — Ella articuló mi nombre con intensidad— ¿Has estado a punto de decir «matarle»? ¿Era eso? — preguntó, con la voz agudizada por la aflicción.

No pude sostener su mirada, me sentía avergonzado.

—Yo intentaría... con mucho esfuerzo... no hacerlo — Le aclaré. Pero la aspereza de mi voz carecía de convicción.

Bella me miró fijamente por un momento, su rostro era inescrutable. Me pregunté si ella había logrado percibir la lucha en mi interior.

—Bueno — Sonrió, pero su expresión fue harto diferente a la de la alegría. Una expresión triste y curiosamente fría. — eso no va a ocurrir jamás, así que no hay de qué preocuparse. Y sabes que en estos momentos Charlie estará mirando el reloj. Será mejor que me lleves a casa antes de que me busque más problemas por retrasarme.

En ese momento me sacudió la conmoción mental de Charlie. Estaba furioso, en principio no pude dilucidar el por qué de su ira, unos segundos después lo comprendí. Jacob Black estaba esperándonos a unos metros de la casa, él había sido el causante de todo.

Aunque había intentado por todos los medios desarraigar a Jacob de mis pensamientos, sabía que el momento de enfrentarlo llegaría tarde o temprano. Me preocupaba que Bella estuviese en medio y no sólo por el pobre dominio que tienen los licántropos sobre si mismos, si no también, por que yo no sabía cual sería, exactamente, mi reacción hacia él si se descontrolaba.

—Creo que ahora tienes algunos problemas más, Bella —susurré.

Ella estudió mi rostro por un segundo y se estremeció.

— ¿Qué? ¿Qué es?

Inspiré para calmarme.

— Charlie...

— ¿Mi padre? —chilló.

Estaba aterrada, debí saber que reaccionaría de ese modo.

—No es probable que Charlie vaya a matarte, pero se lo está pensando — Me burlé para relajarla.

Pasé de largo la casa y conduje hasta el lugar en el que Jacob nos esperaba.

Él, tenía la mente relativamente en calma y estaba concentrado en no perderla frente a nosotros pasara lo que pasara.

— ¿Qué he hecho ahora? —dijo Bella, mientras sus ojos buscaban algún indicio de respuesta en mi cara.

Le señalé con los ojos el frente de la casa. Ella siguió mi mirada y se congeló.

Aparcada a un lado del coche patrulla de Charlie, había una brillante moto roja. Obviamente era la moto que Bella había estado montando y obviamente también, Charlie lo sabía, eso era lo que lo tenía enloquecido de la rabia.

— ¡No! — Bella jadeó—. ¿Por qué? ¿Por qué iba a hacerme Jacob una cosa así?

Su expresión me preocupó, sus ojos se endurecieron por la sorpresa y luego destellaron brillos de ira reprimida, apretó fuertemente los puños, tenía también el aliento entrecortado y las lágrimas parecían quemarle las mejillas.

Inhaló y exhaló un par de veces intentando contener las emociones que parecían desbordarla, su cara estaba desfigurada de una rabia asesina, no recuerdo haberla visto en ese estado jamás.

— ¿Está todavía por aquí? —Gruñó.

—Sí. Nos está esperando allí — Respondí señalando con la barbilla la linde del bosque donde Jacob nos esperaba.

Ella cuadró los hombros, bajó del auto, dio un portazo y caminó hacia ahí. Fue como si, horrorizada, herida y traicionada se hubiera olvidado de su propia vulnerabilidad.

La alcancé enseguida y le tome desde la cintura, no podía permitir que se enfrentase en ese estado de rabia a Jacob Black.

— ¡Suéltame! ¡Voy a matarle! ¡Traidor! — Gritó.

—Charlie te va a oír — le advertí—, y va a tapiar la puerta una vez que te tenga dentro.

Se volvió hacia la casa pero su ira no mermó en absoluto.

—Déjame que le atice una vez, sólo una, y luego ya veré cómo me las apaño con Charlie — Gruñó intentando desasirse de mis brazos.

—Jacob Black quiere verme a mí. Por eso sigue aquí. — Le expliqué.

Esa era la verdad, Jacob me esperaba para recordarme parte del tratado que habíamos hecho hace ya tanto tiempo atrás con su antepasado Efraín Black.

— ¿Para hablar? —Inquirió.

—Más o menos.

— ¿Cuánto más? — Preguntó con la voz cargada de temor.

No sabía como responder su pregunta por que ni el mismo Jacob sabía bien cuanto más iba a suceder entre nosotros.

Pensé que mi encuentro con él sería mucho más violento, creí que la aversión que sentía en su contra sería un aliciente para aumentar mi rabia y mi odio. Pero lo contrario sucedió. Jacob amaba sinceramente a Bella y yo no le podía culpar por ello ¿Quién podría negarse a amarla? Por otro lado, yo había sido el culpable de ello, él era sólo un niño y su mente era tan pura, tan limpia y transparente… Jacob no se merecía mi odio, si no que muy por el contrario, se merecía mi más sincero agradecimiento. Alice tenía razón, fue una suerte que Bella pudiese contar con él. Pese a mi mismo, debía reconocerlo.

—No te preocupes, no ha venido aquí para luchar conmigo, sino en calidad de... portavoz de la manada. — tranquilicé a Bella, mientras tomaba un mechón de su cabello y lo ponía tras de su oreja.

—Oh.

Charlie estaba regodeándose en su rabia, no tardaría demasiado en descubrirnos, por lo que me apresuré a terminar con este encuentro lo más pronto posible.

—Tenemos que darnos prisa. Charlie se está impacientando. — Le expliqué al tiempo que la arrastraba a mi lado.

Jacob nos esperaba en el camino recostado en el tronco de un árbol caído.

Sentí su dolor al vernos caminar tomados de la mano, él esperaba que Bella no me hubiese perdonado el dejarla. Ocultó su dolor bajo una sonrisa burlona.

Jacob ya no era el chiquillo que yo recordaba, es cierto que no lo veía desde el baile de graduación, pero desde entonces, había crecido en forma considerable. Ahora medía más de dos metros de estatura y su anatomía no coincidía en absoluto con la de un adolescente, aunque la candidez de su rostro dejaba entre ver su verdadera edad.

En cuanto estuvimos a una distancia razonable, me detuve y empujé a Bella tras de mí para protegerla con mi cuerpo. Estaba en deuda con él, es verdad, reconozco además que no era mas que un niño, pero era un licántropo y por ende, peligroso para Bella.

—Bella — Saludó Jacob asintiendo hacia ella pero sin apartar sus ojos delos míos.

— ¿Por qué? — Susurró Bella con la voz rota —. ¿Cómo has podido hacerme esto, Jacob?

Él se estremeció, y la mascara que había llevado hasta entonces, calló hecha añicos al suelo.

—Ha sido por tu bien. — Le explicó.

— ¿Y qué se supone que significa eso? ¿Quieres que Charlie me estrangule? ¿O quieres que le dé un ataque al corazón como a Harry? No importa lo furioso que estés conmigo, ¿cómo le has podido hacer esto a él?

Jacob no contestó. Parecía que los reproches de Bella estaban más allá de su aguante; no obstante, en silencio, se daba fuerzas para soportar la terrible prueba que le aguardaba.

—No ha pretendido herir a nadie — expliqué a Bella —, sólo quería que no pudieras salir de casa para que no estuvieras conmigo.

Jacob, me dio una mirada envenenada.

— ¡Ay, Jake! — Chilló Bella — ¡Ya estoy castigada! ¿Por qué te crees que no he ido a La Push para patearte el culo por no ponerte al teléfono?

Jacob se sorprendió y no pudo contener esa emoción.

— ¿Era por eso? —inquirió, y luego apretó las mandíbulas lamentando haber preguntado.

—Creía que era yo quien te lo impedía, no Charlie — Expliqué nuevamente lo que él no era capaz de decir.

—Para ya — me amenazó Jacob.

Permanecí en silencio, no fue mi intención el ser grosero, sólo pretendí ayudarle.

—Bella no había exagerado acerca de tus... habilidades —magullo entre dientes —. Así que ya debes de saber por qué estoy aquí.

—Sí, pero quiero decirte algo antes de que empieces.

No tengo todo el día para escuchar tus tonterías, pero habla, creo que esto podría ser muy interesante Me dijo en su mente.

—Gracias —Inspiré un largo aliento y le miré con toda la intensidad que fui capaz. Quería que él pudiese leer la sinceridad de mis palabras en mis ojos —. Jamás seré capaz de agradecértelo lo suficiente. Estaré en deuda contigo el resto de mí... existencia.

Miró a Bella absolutamente desconcertado. Él no entendía a que me refería.

—Gracias por mantener a Bella viva — le aclaré —. Cuando yo... no lo hice.

—Edward... — Bella comenzó a hablar pero la interrumpí levantando mi mano.

Jacob me miró un largo rato con la perplejidad pintada en el rostro, y luego asintió lentamente, como con aceptación. Pero lejos estaba de aceptarlo.

—No lo hice por ti. — Dijo con la voz cargada de resentimiento.

—Me consta, pero eso no significa que me sienta menos agradecido. Pensé que deberías saberlo. Si hay algo que esté en mi mano hacer por ti...

Vete entonces, deja que ella sea feliz lejos de ti y de tu miserable especie.

Negué lentamente con la cabeza.

—Eso no está en mis manos.

— ¿En las de quién, pues? —gruñó.

—En las suyas. —Respondí mirando a Bella— Aprendo rápido, Jacob Black, y no cometeré el mismo error dos veces. Voy a quedarme aquí hasta que ella me diga que me marche.

—Nunca —Susurró Bella, mirando mis ojos con intensidad.

Jacob se estremeció.

Bella se giró hacia él con la rabia centellando en sus ojos.

— ¿Hay algo más que necesites, Jacob? ¿Deseabas meterme en problemas? Misión cumplida. Charlie quizás me mande a un internado militar, pero eso no me alejará de Edward. Nada lo conseguirá. ¿Qué más quieres?

—Sólo me falta recordar a tus amigos chupasangres unos cuantos puntos clave del tratado que cerraron. Ese tratado es la única cosa que me impide que le abra la garganta aquí y ahora. — dijo, con voz gutural, desbordante de odio

—No los hemos olvidado — Respondí.

— ¿Qué puntos clave? — Preguntó Bella confundida.

Jacob le respondió sin dejar de mirarme.

—El tratado es bastante específico. La tregua se acaba si cualquiera de vosotros muerde a un humano. Morder, no matar — enfatizó.

—Eso no es asunto tuyo. — Aclaró Bella.

—Maldita sea si no... — Jacob gruño.

Su mirada relampagueó de ira y consternación.

Él no estaba preparado para esa respuesta, no se le pasó por la mente una idea tan monstruosa, tan terrible como que Bella se convirtiese en vampira. El ser que él más amaba en todo el planeta, se convertiría inevitablemente en su enemiga. Advertí que, con sus brazos, estrechaba su propio pecho, que temblaba, que su cuerpo estaba rígido como si padeciera el tormento de un shock eléctrico. Presionó los puños contra sus sienes, cerró los ojos con fuerza y se dobló sobre sí mismo intentando controlarse.

— ¿Jake? ¿Estás bien? —Pregunto Bella en un jadeo.

Intentó acercársele, pero se lo impedí.

— ¡Ten cuidado! ¡Ha perdido el control! —le expliqué.

Jacob me miró con la cara llena del más profundo odio.

— ¡Arg! Yo nunca le haría daño a ella.

— Jamás tendrás la oportunidad, primero te mato— Le amenacé en un siseo.

— ¡BELLA! —Rujió Charlie desde la casa—. ¡ENTRA AHORA MISMO!

Los tres nos petrificamos en nuestros lugares.

Bella fue la primera en romper el silencio.

—Mierda.

—Siento mucho esto — Se disculpó Jacob con sinceridad—. Tenía que hacer lo que pudiera... —suspiró —Tenía que intentarlo.

—Gracias —dijo Bella con voz temblorosa.

Miró a la casa, a la espera de que Charlie apareciera entre los árboles.

—Sólo una cosa más — Pedí a Jacob—. No hemos encontrado rastro alguno de Victoria a nuestro lado de la línea, ¿y vosotros?

No, desde que ustedes regresaron. —Dijo en su mente —La última vez fue cuando Bella estuvo... fuera. Le dejamos creer que había conseguido infiltrarse para estrechar el cerco, y estábamos preparados para emboscarla... —continuó en voz alta. — Pero entonces salió disparada, como un murciélago escapando del infierno. Por lo que nosotros creemos, captó tu olor y eso la sacó del apuro. No ha aparecido por nuestras tierras desde entonces.

Una súbita sensación de terror subió por mi espalda. Quizás el terror había estado agazapado allí todo el tiempo. Yo sabía que Victoria nunca se rendiría. Y tendría que tomar una resolución fatal en cuanto ella volviera.

—Cuando ella regrese, no es ya problema vuestro. Nosotros...

—Mató en nuestro territorio —me interrumpió Jacob—. ¡Es nuestra!

—No... —Bella protestó dirigiéndose a ambos.

— ¡BELLA! —Chilló Charlie desde la casa — ¡VEO EL COCHE DE EDWARD Y SÉ QUE ESTÁS AHÍ FUERA! ¡SI NO ENTRAS EN CASA EN UN MINUTO...! — Él ni siquiera se molestó en terminar su amenaza.

—Vámonos — Ordené a Bella.

Ella permanecía completamente inmóvil, parpadeó lentamente; sus hombros se movieron como si sintiera una gran pena en su interior.

—Lo siento —Susurró Jacob con tristeza —. Adiós, Bella.

—Lo prometiste — Musitó Bella con desesperación—. Prometiste que siempre seríamos amigos, ¿de acuerdo?

Jacob negó lentamente con la cabeza.

—Ya sabes que intenté mantener esa promesa, pero... no veo cómo va a ser posible. No ahora... —Hubo una extraña inflexión en la voz de Jacob al pronunciar aquellas palabras, como si los recuerdos se hubiesen removido en su interior dolorosamente, de una manera atroz. Recuerdos que el paso del tiempo no sería capaz de difuminar —. Te echaré de menos — Dijo en un sollozo.

Alzó una de sus manos en dirección a Bella, como queriendo salvar con ella la distancia que los separaba.

—Yo también — Contesto Bella con la voz rota de la angustia elevando su mano igual que lo hacía él. Fue un gesto tan íntimo, tan lleno de amor y ternura… fue como si se acariciaran incluso a esa distancia.

Un impacto violentísimo me sacudió desde el interior, desde cada músculo, desde cada tendón, desde cada poro. El dolor y los celos me envolvían como un manto.

—Jake... —Bella susurró.

Dio un paso hacia él pero la contuve con mis brazos.

Y de todo era yo el culpable, el único culpable…No quería verlo, no quería ser testigo de ese amor que me carcomía por dentro, no quería ver reflejado en ellos la devastación completa de mi vida, la muerte de mis esperanzas, de mis sueños. La nitidez de mis errores… La tragedia que yo mismo había forjado.

—Todo va bien — Susurró Bella mirándome a los ojos.

Lo único que yo veía era el sufrimiento en sus ojos castaños. El dolor, la incomprensión, y la pena que sentía por mi causa.

Ella intentó soltarse de mis brazos, tal vez tendría que haberle permitido ir hacia él, pero no cedí. No tenía la fuerza, el valor para hacerlo. Ella se dio cuenta de que querer zafarse de mí, era como pretender mover la mano a una estatua de granito.

—No, no va bien. — Susurré.

Nada de esto iba bien, yo la estaba perdiendo.

—Suéltala —rugió Jacob, repentinamente furioso—. ¡Ella quiere que la sueltes!

Avanzó dos pasos hacia nosotros y yo escondí a Bella nuevamente tras de mí.

— ¡No! ¡Edward...! —Ella gritó.

— ¡ISABELLA SWAN! — Volvió a chillar Charlie.

— ¡Vámonos! ¡Charlie está como loco! — Bella gritó histérica —. ¡Date prisa! — Me ordenó.

Tiró de mí para alejarme de Jacob. Retrocedí sin dejar de mirarle a él a los ojos. Jacob no apartó la vista de nosotros tampoco.

Extrañamente, no fui capaz de odiarle, casi podía sentir en mi interior el eco de su sufrimiento.

Cuando salimos de detrás del último de los árboles ambos vimos la expresión de furia de Charlie.

Me juré en ese momento que Bella no volvería a sentirse sola, no volvería a necesitar el apoyo y la compañía de nadie que no fuese yo. Apreté suavemente su mano

—Estoy aquí. — susurré.

Ella inhaló un largo aliento, cuadró los hombros y juntos dimos el primero de muchos pasos… Desde hoy caminaríamos juntos, por el resto de la eternidad.

La historia de amor más peligrosa jamás contada continuará en

“Claro de Luna”





Capítulo 14 "La Votación"











La idea me parecía aberrante, monstruosa… pero accedí ¿Qué otra opción tenia cuando se ponía en ese plan tan necio?

La tome en mis brazos y salté por la ventana.

—Entonces de acuerdo —Magullé entre dientes— Sube.

La ayudé a acomodarse en mi espalda y eché a correr.

Bella no reaccionó como solía hacer, antes, cuando corríamos. En vez de aterrarse, jadear y esconderse tras de mí, su respiración se mantuvo intacta. Incluso puso su mentón en mi hombro para disfrutar del viento y la velocidad. No puedo negar que me gustó, no obstante, también me aterró ¿Cuánto había cambiado realmente? Supuse que esto también guardaba algún tipo de relación con Jacob Black. ¿Acaso ella estuvo corriendo en el lomo de ese perro?..

Los celos son un veneno amargo, difícil de tragar…

Como si hubiese adivinado mi agonía, Bella se apretó contra mí y me Besó en el cuello.

—Gracias — Murmuré aliviado—. ¿Significa eso que has decidido que estás despierta?

Rió, su risa fue natural, sincera. No pude evitar sonreír yo también. Hace tanto tiempo no lo hacía… me sentí… extraño.

—En realidad, no. — Contestó aun riendo — Más bien, todo lo contrario. Voy a intentar no despertar, al menos, no esta noche.

—No sé cómo, pero volveré a ganarme tu confianza — murmuré para mis adentros —. Aunque sea lo último que haga.

—Confío en ti — aseguró—, pero no en mí.

—Explica eso, por favor.

Estábamos muy cerca de mi casa, por lo que me limité a andar.

—Bueno... — dudó unos momentos —. No confío en que yo, por mí misma, reúna méritos suficientes para merecerte. No hay nada en mí capaz de retenerte.

¿Cómo podía pensar eso?, Ella era mucho más de lo que yo podía pedir, necesitar, o merecer. Ella lo era… todo.

La bajé con ternura de mi espalda y cuando estuvo frente a mí, la apreté contra mi pecho. Su corazón latió con fuerza. ¿Podía ser yo más feliz?, ¿podía querer algo más?

—Me retendrás de forma permanente e inquebrantable — le revelé—. Nunca lo dudes.

¿Cómo podía dudar de ello?

—Al final no me lo has dicho... — murmuré.

— ¿El qué?

—Cuál era tu gran problema.

—Te dejaré que lo adivines — Suspiró y alzó la mano para tocar la punta de mi nariz con su dedo índice.

Asentí con tristeza.

—Soy peor que los Vulturis — me acusé —. Supongo que me lo merezco.

Rodeó los ojos, como si fuese algo evidente.

—Lo peor que los Vulturis pueden hacer es matarme — me congelé ¿Qué podía ser peor que eso?—. Tú puedes dejarme. Los Vulturis o Victoria no pueden hacer nada en comparación con eso.

Me estremecí. Era incapaz de soportarlo. Sentí que los escalofríos me subían por la espalda, como siempre ocurre en momentos en que el dolor te sorprende. Yo la había herido más de lo que era capaz de perdonarme.

—No— Musitó extendiendo los brazos y poniendo sus manos a ambos lados de mi rostro. Me acarició suavemente con los pulgares— no estés triste.

¡Ella me estaba consolando! Rápidamente recompuse mi expresión y esbocé una sonrisa.

—Sólo hay una forma de hacerte ver que no puedo dejarte — gemí —. Supongo que no hay otro modo de convencerte que el tiempo.

Ella sonrió también

—Vale.

Dejó caer la cabeza hacia un lado aun sonriendo.

—Bueno, ahora que vas a quedarte, ¿puedo recuperar mis cosas?

Reí, esta vez un poco avergonzado.

—Tus cosas nunca desaparecieron — le confesé—. Sabía que obraba mal, dado que te había prometido paz sin recordatorio alguno. Era estúpido e infantil, pero quería dejar algo mío junto a ti. El CD, las fotografías, los billetes de avión... todo está debajo de las tablas del suelo.

¿De verdad?

Su sonrisa se ensanchó aun más.

—Creo — dijo hundiéndose en sus pensamientos—, no estoy segura, pero me pregunto... Quizá lo he sabido todo el tiempo.

— ¿Qué es lo que sabías?

—Una parte de mí, tal vez fuera mi subconsciente, jamás dejó de creer que te seguía importando que yo viviera o muriera. Ese es el motivo por el que oía las voces.

Nos quedamos en completo silencio. Me estrujé las meninges intentando comprender, pero no le encontré sentido a sus palabras

— ¿Voces? — indagué.

—Bueno, sólo una, la tuya. Es una larga historia— Dijo en voz ausente, sumida en si misma.

Su respuesta me desconcertó aun más ¿ella oía mi voz?, ¿cómo?, ¿por qué?

Me sentía como caminando ciego en una casa desconocida. Nada de lo que decía tenía sentido, al menos para mí.

—Tengo tiempo de sobra — Le animé disimulando mi ansiedad.

—Es bastante patético.

No me moví esperando su respuesta. Ella caviló por un momento y luego comenzó:

— ¿Recuerdas lo que dijo Alice sobre los deportes de alto riesgo?

—Saltaste desde un acantilado por diversión. — Dije en tono monocorde.

—Esto... Cierto, y antes que eso, monté en moto...

— ¿En moto? — Repetí sofocado.

Eso explicaba el cambio en su comportamiento cuando corrimos. También explicaba los cardenales, las cicatrices y las magulladuras por todo el cuerpo.

—Supongo que no le conté a Alice esa parte.

—No.

—Bueno, sobre eso... Mira, descubrí que te recordaba con mayor claridad cuando hacía algo estúpido o peligroso... — confesó avergonzada —. Recordaba cómo sonaba tu voz cuando te enfadabas. La escuchaba como si estuvieras a mi lado. En general, intentaba no pensar en ti, pero en momentos como aquéllos no me dolía mucho, era como si volvieras a protegerme, como si no quisieras que resultara herida.

»Y bueno, me preguntaba si la razón de que te oyera con tal nitidez no sería que, debajo de todo eso, siempre supe no habías dejado de quererme...

—Tú... arriesgabas la... vida... para oírme... — espeté aterrado.

Quise patearme en ese momento, ¡ella arriesgaba su vida por mí!

—Calla — interrumpió—. Espera un segundo. Creo que estoy teniendo una epifanía en estos momentos...

Silencio. Quietud. Su rostro quedó de súbito petrificado, con los ojos mirando estáticos al vacío, con la mente en blanco o en profundos pensamientos… Su expresión era ilegible. Sus ojos se habían entornado y se habían vuelto líquidos, cerrándose a la luz y al color; me miró, como si intentara descifrar algo. Estaba a punto de cogerla, hacerla que me mirase, sacudirla, de ser necesario, obligarla a hablarme. Pero me contuve y esperé. Mi único consuelo fue su rostro, que ahora daba la impresión de no haber padecido dolor en ningún momento.

— ¡Vaya! — exclamó al fin.

— ¿Bella?

—Ya, vale. Lo entiendo.

— ¿En qué consiste tu epifanía...? — Pregunté angustiado.

—Tú me amas — Dijo maravillada.

Una gran calma se abatió sobre mí, como si me hubieran inyectado una droga en las venas.

—Con todo mi ser. — exhale aliviado.

Di vueltas en mí mismo estrechándola, amando el peso de su cuerpo, amando el latido de su corazón contra mi pecho, amando sus labios que se cerraban con delicadeza, en los míos.

La besé con pasión, con alivio, con todo mi amor. Cada partícula de mi ser se estremeció en ella. Volví a sentir el corazón en mi interior, creciendo…Deseo… Me hundí en aquellas maravillosas sensaciones; flotaba. Porque, en realidad, no había nada que pudiera hacerme más feliz.

Cuando nuestras respiraciones se convirtieron en jadeos, incliné mi frente sobre la de ella.

— ¿Sabes? Se te da mejor que a mí — Apunté.

— ¿El qué?

—Sobrevivir. Al menos, tú lo intentaste. Te levantabas por las mañanas, procurabas llevar una vida normal por el bien de Charlie, y seguiste tu camino. Yo era un completo inútil cuando no estaba rastreando. No podía estar cerca de mi familia ni de nadie más. —Torcí el gesto— Me avergüenza admitir que me acurrucaba y dejaba que el sufrimiento se apoderara de mí. Fue mucho más patético que oír voces.

Mordió su labio inferior un momento y luego sonrió.

—Sólo una voz — corrigió.

Reí y la tomé por la cintura para que caminara a mi lado, no quería separarme ni un centímetro de ella.

—Por cierto, que en este asunto tan sólo te estoy siguiendo la corriente — Dije señalando la casa—. Lo que ellos digan no me importa lo más mínimo.

Frunció el seño.

—Ahora, esto también les afecta a ellos.

Encogí los hombros restándole importancia.

Cuando estuvimos en la estancia, encendí la luz y llamé a mi familia.

— ¿Carlisle? ¿Esme? ¿Rosalie? ¿Emmett? ¿Jasper? ¿Alice?

Carlisle fue el primero en llegar hasta donde estábamos.

—Bienvenida otra vez, Bella. — La saludó con voz dulce— ¿Qué podemos hacer por ti en plena madrugada? A juzgar por la hora, supongo que no se trata de una simple visita de cortesía, ¿verdad?

—Me gustaría hablar con todos vosotros enseguida si os parece bien. Se trata de algo importante.

Carlisle me miró confundido. Negué suavemente con la cabeza, Bella se encararía de explicarle.

—Por supuesto — Le dijo Carlisle—. ¿Por qué no hablamos en la otra habitación?

Carlisle caminó hacia el comedor, encendió las luces en consideración a Bella, — sólo a los humanos les enceguece la oscuridad — y le ofreció su asiento en la cabecera en el lado este de la enorme mesa oval.

Esme me siguió y los demás caminaron en fila tras de ella.

Carlisle se sentó a la derecha de Bella, junto a él Esme, Emmett y Rosalie. Yo me senté a su izquierda y junto a mí Alice y Jasper.

Te dije que esto pasaría Me dijo Alice, con su voz mental cargada de suficiencia y con una amplia sonrisa en los labios. Furioso, clavé la mirada en la mesa.

—Tienes el uso de la palabra. — Indicó Carlisle a Bella con cordialidad.

Cayó un silencio. Todos esperaban, respetuosamente pacientes, a que comenzara. Bella, apoyó sus manos con los dedos entrelazados en la mesa ante sí. Inclinó la cabeza como si quisiera poner orden a sus pensamientos antes de empezar. Tomé una de sus manos, entrelacé nuestros dedos y las posé unidas en su rodilla.

—Bueno, espero que Alice os haya contado cuanto sucedió en Volterra — Comenzó.

—Todo —aseguró Alice.

Bella asintió satisfecha

— ¿Y lo que está a punto de ocurrir?

—Eso también.

—Perfecto; entonces, estamos todos al corriente.

Silencio. Todos los ojos estaban clavados en ella.

—Bueno, tengo un problema — suspiró—. Alice prometió a los Vulturis que me convertiría en uno de vosotros. Van a enviar a alguien a comprobarlo y estoy segura de que eso es malo, algo que debemos evitar.

»Ahora, esto os afecta a todos — Sus ojos recorrieron los rostros de toda la asamblea y continuó—. No voy a imponerme por la fuerza si no me aceptáis, con independencia de que Alice esté o no dispuesta a convertirme.

Bella silenció a Esme, antes de que esta pudiese replicar.

—Dejadme terminar, por favor. —Le pidió —Todos vosotros sabéis lo que quiero y estoy segura de que también conocéis la opinión de Edward al respecto.

»Creo que la única forma justa de decidir esto es que todo el mundo vote.

»Si decidís no aceptarme, —Encogió los hombros— bueno, en tal caso, supongo que tendré que volver sola a Italia. No puedo permitir que vengan aquí. — Dijo esto con palabras de apariencia espontánea, aunque muy lentamente y cuidando su pronunciación, ciertamente tenía miedo.

Percibí el estremecimiento de alarma que recorrió a todos los que estaban entorno a la mesa.

Gruñí y sacudí la cabeza. Estaba horrorizado. Una espantosa sensación de pánico me envolvió.

—Así pues, tened en cuenta que en modo alguno os voy a poner en peligro. Quiero que votéis sí o no sólo al asunto de convertirme en vampira.

Se volvió hacia Carlisle, antes de que él pudiese contestar, interrumpí extendiendo mi mano libre.

—Un momento.

Bella me miró con los ojos llenos de desconfianza.

—Tengo algo que añadir antes de que votemos. — Le explique, apretando levemente su mano y levantándome de mi silla.

Ella suspiró.

—No creo que debamos ponernos demasiado nerviosos por el peligro al que se refiere Bella. — Continué, esta vez dirigiéndome a mi familia —Veréis, había más de una razón por la que no quería estrechar la mano de Aro al final del todo. Se les pasó una cosa por alto y no quería ponerles sobre la pista.

Me relajé un poco al ver que todos me estaban prestando atención.

— ¿Y qué es? — Preguntó Alice con recelo.

—Los Vulturis están demasiado seguros de sí mismos, y por un buen motivo. En realidad, no tienen ningún problema para encontrar a alguien cuando así lo deciden… ¿Os acordáis de Demetri? — Pregunté a Bella.

Se estremeció.

—Encuentra a la gente, ése es su talento, la razón por la que le mantienen a su lado.

»Ahora bien, estuve hurgando en sus mentes para obtener la máxima información posible todo el tiempo que estuvimos con ellos. Buscaba algo, cualquier cosa que pudiera salvarnos. Así fue cómo me enteré de la forma en que funciona el don de Demetri. Es un rastreador, un rastreador mil veces más dotado que James. Su habilidad guarda una cierta relación con lo que Aro o yo hacemos. Capta el... gusto... No sé cómo describirlo… La clave, la esencia de la mente de una persona y entonces la sigue. Funciona incluso a enormes distancias.

»Pero después de los pequeños experimentos de Aro, bueno...

—Crees que no va a ser capaz de localizarme — Bella aventuró escéptica.

—Estoy convencido. El confía ciegamente en ese don — Le expliqué —. Si eso no funciona contigo, en lo que a ti respecta, se han quedado ciegos.

— ¿Y qué resuelve eso?

—Casi todo, obviamente. Alice será capaz de revelarnos cuando planean hacernos una visita. Te esconderemos. Quedarán impotentes — Suspiré aliviado—. Será como buscar una aguja en un pajar.

—Te pueden encontrar a ti — espetó.

Emmett se rió, extendió el brazo sobre la mesa y me extendió la mano.

—Un plan estupendo, hermano —dijo con entusiasmo.

—No —masculló Rosalie.

—En absoluto — Bella coincidió.

—Estupendo —comentó Jasper.

—Idiotas —murmuró Alice.

No creo que de resultado. Pensó Esme con tristeza.

Durante un momento Bella me contempló con mirada vacía, indiferente. Se levantó de su silla y cuando finalmente habló, lo hizo con voz espesa:

—En tal caso, de acuerdo. Edward ha sometido una alternativa a vuestra consideración —Inspiró profundamente y agregó:

— Votemos.

Se volvió hacia mí, tenía la vista fija como si y estuviese hablando a un loco. Me preguntó con mucho cuidado:

— ¿Quieres que me una a tu familia?

—No de esa forma — le dije congelado del terror—. Quiero que sigas siendo humana.

Asintió.

— ¿Alice?

—Sí.

—Jasper?

—Sí.

— ¿Rosalie?

—No — Rosalie tenía un fuerte debate interno, ¿Cómo podía ser precisamente ella la única que pensaba igual que yo?

Me sentí como atrapado en una espantosa pesadilla. No, Aquello iba más allá de cualquier pesadilla, más allá de los estúpidos horrores que había padecido en estos tortuosos siete meses.

— Déjame explicarme —le rogó Rosalie a Bella—. Quiero decir que no tengo ninguna aversión hacia ti como posible hermana, es sólo que... Esta no es la clase de vida que hubiera elegido para mí misma. Me hubiera gustado que en ese momento alguien hubiera votado «no» por mí.

Bella asintió como si no la hubiese oído y se giró hacia Emmett.

— ¡Rayos, sí! —Em. Sonrió—. Ya encontraremos otra forma de provocar una lucha con ese Demetri.

Bella lo miro con una mezcla de ternura y desaprobación en los ojos.

Si yo no hubiese estado congelado del terror, lo habría pateado.

Bella se volvió a Esme.

—Sí, por supuesto, Bella. Ya te considero parte de mi familia.

—Gracias, Esme —murmuró y se giró hacia Carlisle.

—Edward — Me dijo él.

Con ciertas reticencias, leí sus pensamientos.

¿Recuerdas lo que hablamos?, ¿Recuerdas lo que me preguntaste antes de irte?.. La respuesta es sí Edward, amo a Esme, yo la hubiese transformado...

—No — Le rogué con un gruñido.

—Es la única vía que tiene sentido —insistió Carlisle—. Has elegido no vivir sin ella, y eso no me deja alternativa.

De súbito eché a temblar de miedo. Por primera vez supe lo que significaba de verdad aquella palabra. Intenté decir algo más, quise protestar, quise volver a empezar la discusión que nos dividiría… Pero al mirar en los ojos de Bella, no pude encontrar las palabras, de pronto comprendí lo que había sucedido. No había modo de detenerla…

Finalmente exploté. Violentamente solté su mano, me levanté y me alejé de la mesa. No pude evitarlo. El paso del miedo a la rabia fue tan inmediato que mi interior se puso a hervir.

Cuando llegue a la sala, cerré los ojos y me volví hacia la pared, clavando los dedos en la roca que se desmigajaba. Pensar que entre la roca y yo no había diferencias… La golpeé con el puño atravesándola, odiándome como nunca lo había podido hacer antes. Los mortales quizás experimenten esa sensación poco antes de morir, cuando el juego ha tocado a su fin y todo el mundo se ha despedido.

Tantas veces deseé tenerla a mi lado para siempre… En ese momento oí una vocecita dentro de mi cabeza, que me repitió con insistencia aquel adagio humano:

Ten cuidado con los deseos que alientas, pues podrían llegar a hacerse realidad.

En cuanto ese pensamiento hubo surgido en mi adormecida mente, oí a Bella.

—Bueno, Alice ¿Dónde quieres que lo hagamos?

Volví rápidamente al comedor

¡Tengo que darle la vuelta, tengo que detenerlo, tengo que evitar aceptar cualquier aspecto de esta aberración!

— ¡No! ¡No! ¡NO! —Le grité desesperado, mi rostro estaba a menos de dos centímetros del de ella— ¿Estás loca? ¿Has perdido el juicio?

Bella retrocedió un paso, tapándose con las manos los oídos

—Eh... Bella, no me parece que yo esté lista para esto —Dijo Alice aterrada —. Necesito prepararme...

—Lo prometiste — Le reclamó Bella.

¿Alice se lo había prometido?, ¿era verdad que lo había hecho?

Le dirigí una mirada asesina a mi hermana con los dientes desnudos de la rabia.

—Lo sé, pero... Bella, de verdad, no sé cómo hacerlo sin matarte. — Le explicó hundiéndose en su silla.

—Puedes hacerlo — Bella le alentó—. Confío en ti.

— No te atrevas — le advertí a Alice en un gruñido

Ella negó con la cabeza aterrorizada por mi reacción, por primera vez me comporte con ella como un vampiro. Alice jamás me vio tan descontrolado.

La tensión en el ambiente era insostenible. Mi cuerpo manaba violencia. Sentía el pánico a mí alrededor. Esme había agachado la cabeza y se cubría la cara con las manos. Rosalie, tenía los ojos abiertos como platos. Jasper intentaba relajarme con su don y me miraba, como si todo estuviera ya fuera del alcance de su posibilidad de actuar. Emmett por primera vez estaba mudo y aterrado.

— ¿Carlisle? — Bella se volvió hacia él.

La tomé desde el mentón para que me mirara. En el estado mental en que me encontraba, se me hacía difícil controlar mi fuerza.

Perdóname hijo. Pensó Carlisle.

Extendí una mano hacia él para callarlo pero me ignoró.

—Soy capaz de hacerlo — le dijo —. No corres peligro de que yo pierda el control.

—Suena bien. — Contestó Bella con dificultad, me dí cuenta de que le estaba apretando con demasiada fuerza, pero no podía evitarlo.

—Espera —le rogué entre dientes—. No tiene por qué ser ahora.

—No hay razón alguna para que no pueda ser ahora — Respondió.

—Se me ocurren unas cuantas.

—Naturalmente que sí — me desafió—. Ahora, aléjate de mí.

La solté y crucé con fuerza los brazos sobre mi pecho.

—Charlie va a venir a buscarte aquí dentro de tres horas. No me extrañaría que trajera a sus ayudantes. Vendrá con los tres.

Bella se paralizó, se mordió el labio inferior y la pequeña arruguita entre sus cejas se acentuó tal y como yo recordaba que sucedía, en momentos en que se encontraba en tensión

—Sugiero que pospongamos esta conversación en aras de seguir pasando desapercibidos — Dije a Carlisle sin poder controlar aun, la rabia que me quemaba por dentro—. Al menos, hasta que Bella termine el instituto y se marche de casa de Charlie.

—Es una petición razonable, Bella —asintió Carlisle.

—Lo consideraré. — Respondió Bella sin rendirse del todo, al menos su transformación no sería hoy.

Eso me relajó un poco.

—Lo mejor sería que te llevara a casa — Le dije desesperado por sacarla de ahí lo más rápido posible—. Sólo por si Charlie se despierta pronto.

Bella se volvió hacia Carlisle.

— ¿Después de la graduación?

— Tienes mi palabra. — Le aseguró él.

—Vale, puedes llevarme a casa. — Me dijo. Sus ojos se agrandaron y su boca se abrió en una inconfundible mueca de triunfo.

La tomé en mis brazos y corrí hacia su casa antes de que pudiese incluso despedirse. No me detuve hasta estar en su habitación. La dejé sobre la cama y me sumí en mis pensamientos paseándome de un lado a otro, abriendo y cerrando los puños a mis costados.

Por supuesto que yo quería estar con ella para siempre, la idea no dejaba de ser tentadora, pero el precio era inaceptable. ¡Una locura!; ¡un asesinato!, ¡iba contra la naturaleza! ¡Yo era algo que nunca debió haber llegado a existir!

Me estremecí de pies a cabeza. ¡Tenía que pensar con claridad! No había tiempo para estar desorientado. Aquello no era un sueño, ¡ERA UNA PESADILLA! y yo no podía, no podía rendirme a aquella tentación, no podía ser tan egoísta.

De súbito, la primera visión que tuvo Alice de Bella llegó a mi cabeza. Las vi abrazadas, no había diferencias en su piel, Bella ya no era humana… ¿es que acaso esto era inevitable?, ¿Bella se transformaría en un vampiro pese a todos mis esfuerzos?

Oh, no. No podía aceptar la idea ni por un solo instante… Pero la visión volvió, la imagen que vislumbré ahora era distinta. Bella y yo corríamos por el bosque, uno junto al otro como iguales, felices por el resto de la eternidad. Sacudí la cabeza. Estaba horrorizado… Bella sería una vampira inevitablemente, yo tomaría su alma…

…Debía ganar algo de tiempo, tenía que darle todo lo que ella pudiese desear siendo aun una humana.

—Sea lo que sea lo que estés maquinando, no va a funcionar — me dijo de pronto.

—Calla. Estoy pensando.

— ¡Bah! — se quejó cubriendo su cabeza con las mantas.

Me senté en la cama, consternado, como un mortal. Retiré el edredón de su cara y me tendí a su lado acariciándola con una de mis manos.

—Si no te importa, preferiría que no ocultaras la cara debajo de las mantas. He vivido sin ella tanto como podía soportar; —Suspiré — y ahora, dime una cosa.

— ¿Qué? — Preguntó con cautela.

—Si te concedieran lo que más quisieras de este mundo, cualquier cosa, ¿qué pedirías?

—A ti. — Contestó de inmediato.

Sacudí la cabeza con impaciencia. Yo ya era completamente suyo.

—Algo que no tengas ya.

Bella me miraba de un modo extraño, como si yo fuera un misterio para ella. Finalmente respondió.

—Me gustaría que no tuviera que hacerlo Carlisle... Desearía que fueras tú quien me transformara. — Dijo acariciándome tiernamente con sus dedos.

Cerré los ojos un momento, sentí una punzada de penetrante dolor, pero intenté dominarlo, desoírlo como si no existiera.

— ¿Qué estarías dispuesta a dar a cambio de eso?

—Cualquier cosa. — Respondió sin siquiera detenerse a pensar.

Sonreí.

— ¿Cinco años?

Hizo un mohín.

—Dijiste «cualquier cosa» — le recordé.

—Sí, pero vas a usar el tiempo para encontrar la forma de escabullirte. He de aprovechar la ocasión ahora que se presenta. Además, es demasiado peligroso ser sólo un ser humano, al menos para mí. Así que, cualquier cosa menos eso.

Torcí el gesto. ¿Cómo podía estar tan convencida de maldecirse por toda la eternidad?

— ¿Tres años?

— ¡No!

— ¿Es que no te merece la pena?

Frunció el seño, ella realmente deseaba que fuese yo, pero era demasiado obstinada para reconocerlo y no cedería.

— ¿Seis meses?

Rodeé los ojos.

—No es bastante.

—En ese caso, un año — me ofreció—. Ése es mi límite.

—Concédeme dos al menos.

—Ni loca. Voy a cumplir diecinueve, pero no pienso acercarme ni una pizca a los veinte. Si tú vas a tener menos de veinte para siempre, entonces yo también.

Definitivamente esto no daría resultado, pensé en todas las cosas humanas a la que ella estaba dispuesta a renunciar por mí, pensé también en todo lo que yo no podría llegar a darle jamás… Una casa llena de nuestros hijos revoloteado en el jardín, envejecer juntos y disfrutar de nuestros nietos… Un matrimonio feliz…

Un matrimonio feliz, Me repetí…

¡Eso era algo que si podría darle!.. Aun siendo una humana ella lo podría disfrutar, podría caminar del brazo de su padre hacia el altar… La visión, el sueño que soñé para ella hace unos meses podría ser realidad junto a mí, ese sería un modo hermoso de cerrar su humanidad… juntos como un matrimonio, ¡yo le pertenecería por toda la eternidad y ella me pertenecería a mí!

—De acuerdo. Olvídate de los límites de tiempo. Si quieres que sea yo quien lo haga, tendrás que aceptar otra condición.

— ¿Condición? — Inquirió con desconfianza—. ¿Qué condición?

Estaba emocionado, la imagen de Bella caminando hacia el altar era demasiado hermosa, demasiado perfecta para ser una realidad.

Debo reconocer que también estaba nervioso…

—Casarte conmigo primero.

—... — silencio—. Vale, ¿cuál es el chiste?

Suspiré.

—Hieres mi ego, Bella. Te pido que te cases conmigo y tú piensas que es un chiste.

—Edward, por favor, sé serio.

—Hablo completamente en serio.

¿Qué era lo gracioso en todo esto?

—Oh, vamos — Dijo con una risita histérica—. Sólo tengo dieciocho años.

Fruncí el seño. La cabeza de Bella realmente funcionaba de un modo que yo era incapaz de entender.

—Bueno, estoy a punto de cumplir los ciento diez. Va siendo hora de que siente la cabeza. — Me burlé.

Dudó y su rostro quedó vacío de pura sorpresa.

—Verás, el matrimonio no figura precisamente en la lista de mis prioridades, ¿sabes? Fue algo así como el beso de la muerte para Reneé y Charlie.

—Interesante elección de palabras.

—Sabes a qué me refiero. — Jadeó.

—Por favor, no me digas que tienes miedo al compromiso — le espeté incrédulo.

—No es eso exactamente — se defendió—. Temo... la opinión de Reneé. Tiene convicciones muy profundas contra eso de casarse antes de los treinta.

Bufé.

—Preferiría que te convirtieras en una eterna maldita antes que en una mujer casada — Reí sin un ápice de humor.

—Te crees muy gracioso.

—Bella, no hay comparación entre el nivel de compromiso de una unión marital y renunciar a tu alma a cambio de convertirte en vampiro para siempre — Negué con la cabeza ante lo absurdo—. Si no tienes valor suficiente para casarte conmigo, entonces...

—Bueno — Interrumpió—. ¿Qué pasaría si lo hiciera? ¿Y si te dijera que me llevaras a Las Vegas ahora mismo? ¿Sería vampiro en tres días?

Sonreí abiertamente, al menos eso no era el no que me tenía aterrado.

—Seguro — sonreí animado —. Voy a por mi coche.

— ¡Caray! —murmuró—. Te daré dieciocho meses.

—No hay trato — sonreí —. Me gusta esta condición.

—Perfecto. Tendré que conformarme con Carlisle después de la graduación.

—Si es eso lo que realmente quieres... — Encogí los hombros y sonreí.

—Eres imposible —gruñó—, un monstruo.

Reí entre dientes.

— ¿Es por eso por lo que no quieres casarte conmigo?

Volvió a gruñir.

No quería pensar en que ella no me amaba lo suficiente como para casarse conmigo, tal vez era sólo el miedo a la reacción de su madre. Bella siempre reaccionaba de un modo extraño ¿verdad?, no era falta de amor…

La miré a los ojos por un momento intentando leerlos, parecía aterrada.

—Bella, ¿por favor...?— Rogué.

Sus ojos se volvieron líquidos y su corazón comenzó a latir frenético… ella si me ama intenté convencerme. No podía soportar pensar en otra posibilidad.

— ¿Saldría esto mejor si me dieras tiempo para conseguir un anillo? — Le ofrecí.

Tal vez lo estaba haciendo mal, quizás su sueño era distinto.

Fui un idiota al precipitarme…

— ¡No! ¡Nada de anillos! — Chilló.

—Vale, ya le has despertado —susurré.

— ¡Huy!

—Charlie se está levantando. Será mejor que me vaya — dije resignado.

Bella se paralizó y su cara se torció en una mueca de terror.

La miré fijamente estudiando su reacción.

Si, ella realmente me ama Pensé.

—Bueno, entonces, ¿sería muy infantil por mi parte que me escondiera en tu armario?

—No — dijo aliviada —. Quédate, por favor.

Rápidamente me escondí, lo del armario no fue la más genial de mis ideas, el espacio era estrechísimo.

—Buenos días, papá. — Saludó Bella en cuanto Charlie se asomó.

—Ah, hola, Bella — Le saludó Charlie un poco avergonzado. Pero profundamente aliviado—. No sabía que estabas despierta.

—Sí. Estaba esperando a que te despertaras para ducharme.

—Espera — Le dijo Charlie al momento en que encendía la luz—. Hablemos primero un minuto. — Estudió el rostro de Bella un instante y continuó —Estás metida en un lío, ya lo sabes.

—Sí, lo sé.

—Estos tres últimos días he estado a punto de volverme loco. Vine del funeral de Harry y tú habías desaparecido. Jacob sólo pudo decirme que te habías ido pitando con Alice Cullen y que pensaba que tenías problemas.

»No me dejaste un número ni telefoneaste. No sabía dónde estabas ni cuándo ibas a volver, si es que ibas a volver. ¿Tienes alguna idea de cómo...? — La voz se le quebró, él realmente lo había pasado mal en estos días —: ¿Puedes darme algún motivo por el que no deba enviarte a Jacksonville este trimestre?

—Porque no quiero ir. — Respondió Bella con actitud.

—Aguarda un momento, jovencita...

—Espera, papá, acepto completamente la responsabilidad de mis actos y tienes derecho a castigarme todo el tiempo que quieras. Haré las tareas del hogar, la colada y fregaré los platos hasta que pienses que he aprendido la lección; y supongo que estás en tu derecho de ponerme de patitas en la calle, pero eso no hará que vaya a Florida.

Charlie se enfureció, pero no quería llevar la conversación a una pelea. Se tranquilizó a sí mismo inspirando profundamente unas cuantas veces antes de continuar:

— ¿Te importaría explicar dónde has estado?

—Hubo... una emergencia. — Respondió Bella con un hilo de voz.

Charlie esperó.

—No sé qué decirte, papá. En realidad, todo fue un gran malentendido. Él dijo, ella dijo, y las cosas se salieron de madre.

Charlie continuó a la espera.

—Verás, Alice le dijo a Rosalie que yo practicaba salto de acantilado...

Charlie se estremeció.

—Supongo que no te comenté nada de eso — Prosiguió Bella conciente de su metedura de pata —. No fue nada, sólo para pasar el rato, nadar con Jacob... —Hizo un ademán con la mano para restarle importancia —En cualquier caso, Rosalie se lo dijo a Edward, que se alteró mucho. Ella pareció dar a entender de forma involuntaria que yo intentaba suicidarme o algo por el estilo. Como él no respondía al teléfono, Alice me llevó hasta... esto... Los Ángeles para explicárselo en persona.

Debí pedirle a Alice que inventara una buena explicación, definitivamente Bella era incapaz de mentir…

Charlie estaba congelado del pánico, o de la furia, o de ambas…

— ¿Intentabas suicidarte, Bella? — Susurró

—No, por supuesto que no. Sólo me estaba divirtiendo con Jake practicando salto de acantilado. Los chicos de La Push lo hacen continuamente. Lo que te dije, no fue nada.

El miedo se evaporó en Charlie dándole paso a la más intensa de las furias.

—De todos modos, ¿qué importa Edward Cullen? —rugió—. Te ha dejado aquí tirada todo este tiempo sin decirte ni una palabra.

—Otro malentendido — Bella interrumpió.

Charlie se envaró con los puños apretados.

—Pero, entonces, ¿va a volver?

—No estoy segura de lo que planean, pero creo que regresan todos.

—Quiero que te mantengas lejos de él, Bella. No confío en él. No te conviene. No quiero que vuelva a arruinarte la vida de ese modo.

Me sentí terrible, Charlie tenía razón, yo era una maldición en la vida de Bella.

—Perfecto. — Le respondió Bella.

—Pensé que te ibas a poner difícil. — Dijo Charlie confundido.

No más confundido que yo, por cierto ¿Qué pensaba Bella ahora?

—Y así es — dijo sin inflexión en la voz—. Lo que pretendía decir es: «Perfecto. Me iré de casa».

Charlie dio unos pasos atrás horrorizado, aturdido, como si le hubiesen golpeado con un bate en la cabeza

—Papá, no deseo irme de casa — le explicó Bella con ternura —. Te quiero y sé que estás preocupado, pero en esto vas a tener que confiar en mí. Y tomarte las cosas con más calma en lo que respecta a Edward, si quieres que me quede. ¿Quieres o no quieres que viva aquí?

—Eso no es justo, Bella. —Murmuró Charlie derrotado —Sabes que quiero que te quedes.

—Entonces, pórtate bien con Edward, ya que él va a estar donde yo esté —Dijo con convicción.

Quise correr a abrazarla por pura felicidad. Ella me amaba tanto como yo a ella. Mis dudas eran estúpidas.

—No bajo este techo —Charlie gruñó.

Bella suspiró.

—Mira, no voy a darte ningún ultimátum más esta noche, bueno, más bien esta mañana. Piénsatelo durante un par de días, ¿vale? Pero ten siempre presente que Edward y yo vamos en el mismo paquete, es un acuerdo global.

—Bella...

—Tú sólo piénsatelo —insistió ella—, y mientras lo haces, ¿te importaría darme un poquito de intimidad? De verdad, necesito una ducha.

Charlie se giró furioso y dio un portazo al irse.

Salí del armario y me acomode en la mecedora a los pies de la cama.

—Lamento esto —Bella susurró.

—Como si no me mereciera algo peor... — Gemí —. No la tomes con Charlie por mi causa, por favor.

—No te preocupes por eso — Me dijo tomando una toalla y un pequeño bolso del escritorio —. Haré todo lo que sea necesario y nada más. ¿O intentas decirme que no tengo ningún lugar adonde acudir?

Abrió los ojos fingiendo estar horrorizada.

— ¿Te mudarías a una casa llena de vampiros?

—Probablemente, ése es el lugar más seguro de todos para alguien como yo — Sonrió ampliamente—. Además, no hay necesidad de apurar el plazo de la graduación si Charlie me pone de patitas en la calle, ¿a que no?

—Menudas ganas tienes de condenarte eternamente... — Magulle entre dientes.

—Sabes que en realidad no crees lo que dices.

— ¿Ah, no? —rezongué.

—No.

Quise rebatir pero me silenció poniendo uno de sus dedos en mi boca.

—Si de verdad hubieras creído que habías perdido el alma, entonces, cuando te encontré en Volterra, hubieras comprendido de inmediato lo que sucedía, en vez de pensar que habíamos muerto juntos. Pero no fue así...

» Dijiste: «Asombroso. Carlisle tenía razón» — Me recordó muy pagada de si misma—. Después de todo, sigues teniendo la esperanza.

No pude rebatir a eso. Muy dentro de mí, sabía que ella tenía razón, yo aun tenía esperanza… no como para arriesgar su alma, pero era una esperanza al fin…

—De modo que los dos vamos a ser optimistas, ¿vale? —Sugirió al verme vacilar—. No es importante. No necesito el cielo si tú no puedes ir a él.

Me acerqué a ella y la rodeé con mis brazos. El tenerla pegada a mi era la felicidad pura. Yo tampoco necesitaba el cielo si no estaba a su lado, esto era el cielo para mí.

Busque su mirada.

—Para siempre — Le juré.

No te pido más —contestó.

Me incliné para besar sus labios.